- Recientes iniciativas de fusión en el sector vuelven la mirada hacia un modelo que puede ganar tamaño y capacidad competitiva sin abandonar sus principios.
- Investigador de la UNED, asegura que las fusiones están contempladas legalmente y no implican, por sí mismas, una pérdida de la filosofía cooperativa.
- Crecimiento obliga a fortalecer los mecanismos de representación para que personas asociadas continúen teniendo participación efectiva en las decisiones.
- Desafío no es únicamente financiero, mantener el impacto social, la cercanía con las comunidades y la confianza de los asociados será determinante, señaló académico.
San José. Los recientes anuncios de procesos de fusión entre cooperativas costarricenses han abierto una discusión que trasciende el tamaño de las organizaciones involucradas, ¿pueden las cooperativas crecer, competir y consolidarse sin perder la esencia social que históricamente las ha diferenciado de otras organizaciones?
investigador y extensionista de la Universidad Estatal a Distancia (UNED), Federico Li Bonilla, explicó que la respuesta pasa por comprender que una fusión no representa necesariamente un debilitamiento del modelo cooperativo, “por el contrario, estos procesos están contemplados en la legislación y pueden desarrollarse”, dijo.

“Sí se pueden fusionar, no hay ningún problema; la ley lo prevé, la filosofía y los principios cooperativos no se ven alterados porque, en realidad, en la práctica, lo que se dice es que ningún asociado puede usufructuar a costa de otro asociado”, explicó Li.
Recientemente, Coopenae y CoopeAnde anunciaron este mes el inicio de un proceso dirigido a explorar su integración, movimiento que volvió a colocar sobre la mesa el tema de la consolidación dentro del sector cooperativo financiero costarricense.
Más allá de este caso particular, Li consideró que este tipo de movimientos deben analizarse desde una perspectiva amplia, el crecimiento puede proporcionar mayor capacidad financiera, tecnológica y operativa, pero también obliga a revisar cómo se garantiza que las personas asociadas mantengan una participación efectiva.
Uno de los principales cambios derivados de una fusión ocurre en las estructuras de gobernanza, consejos de administración, comités, órganos de vigilancia y mecanismos de representación deben adaptarse a una nueva organización con mayor cantidad de asociados y, eventualmente, una presencia territorial más extensa.
El investigador recordó experiencias anteriores de integración dentro del movimiento cooperativo nacional, en las cuales representantes de las organizaciones involucradas han sido incorporados posteriormente en diferentes órganos de la nueva estructura.
“¿Altera a los asociados? No, porque hay una asamblea, normalmente, cuando ya las cooperativas empiezan a ser muy grandes, hacen una asamblea de representantes, las personas escogen un representante y ese representante va”, explicó.
Precisamente, el crecimiento plantea uno de los principales desafíos del modelo, conseguir que la representación siga siendo efectiva cuando una organización pasa a reunir decenas o cientos de miles de personas.
Las asambleas de representantes permiten administrar organizaciones de gran tamaño, pero deben estar acompañadas de mecanismos de transparencia, rendición de cuentas y comunicación que permitan mantener el vínculo entre las bases cooperativistas y quienes toman las decisiones.
Li reconoció que dentro de organizaciones grandes pueden surgir grupos de poder y dinámicas internas propias de cualquier estructura compleja, por ello, considero importante que los mecanismos democráticos no se limiten únicamente al cumplimiento formal de una asamblea.
Tamaño no debería borrar esencia. Para el especialista de la UNED, una cooperativa puede alcanzar grandes dimensiones y continuar funcionando bajo principios democráticos y transparentes.
Como referencia internacional, Li mencionó experiencias de cooperativas con más de un millón de asociados que mantienen procesos permanentes para seleccionar representantes y garantizar la participación territorial.
“Con un millón doscientos mil asociados, técnicamente, la gobernanza es muy transparente. siempre se dan, por supuesto, los poderes internos, pero no veo ningún problema”, indicó.
El planteamiento cobra especial importancia porque las cooperativas no funcionan únicamente como empresas, su naturaleza parte de la propiedad conjunta, la participación de sus asociados y la búsqueda de respuestas a necesidades económicas y sociales.
Por ello, una fusión no debería evaluarse solamente por el volumen de activos que pueda alcanzar la nueva organización, su capacidad para competir en el mercado o las economías de escala que pueda generar.
También debe analizarse qué sucede con la participación de sus miembros, los programas sociales, la educación cooperativa, el bienestar de los asociados y el vínculo que históricamente estas organizaciones han mantenido con sus comunidades.
El crecimiento puede proporcionar capacidad para invertir en tecnología, ampliar servicios, reducir costos y competir en un sistema financiero cada vez más exigente; sin embargo, también puede generar estructuras administrativas más complejas y una mayor distancia entre quienes dirigen la organización y quienes forman parte de ella.
La fortaleza del modelo no depende únicamente de cuánto crezcan sus organizaciones, sino de que ese crecimiento continúe traduciéndose en beneficios para sus asociados y conserve los mecanismos democráticos que distinguen a una cooperativa de una empresa tradicional.
Desde esta perspectiva, las fusiones pueden convertirse en una herramienta para fortalecer organizaciones, siempre que el tamaño no termine desplazando los valores que dieron origen al movimiento.
Li, detalló que el desafío para el sector será, entonces, demostrar que es posible construir cooperativas financieramente más fuertes y competitivas sin sacrificar la participación democrática, la solidaridad, la representación y el compromiso con las comunidades, “la filosofía y los principios cooperativos no se ven alterados”, reiteró.
“En momentos en que el sector comienza a experimentar movimientos de integración de mayor escala, esa afirmación plantea también una responsabilidad, que las cooperativas puedan hacerse más grandes sin dejar de pertenecer, en esencia, a sus asociados, concluyó.
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